• 15 Ago 2007 / 
    • …nunca sabremos por qué irritamos a la gente, qué es lo que nos hace simpáticos, qué es loq ue nos hace ridículos; nuestra propia imagen es para nosotros nuestro mayor misterio.
    • Antes de que los caminos desaparecieran del paisaje, desaparecieron del alma humana: el hombre perdió el deseo de andar, de caminar con sus propias piernas y disfrutar de ello.
    • El deseo de autodestrucción creció lentamente y un buen día ya no fue capaz de resistirlo. Las humillaciones que sufría eran, supongo bastante pequeñas: la gente no respondía a su saludo, nadie le sonreía, mientras hacía cola en correos una señora gorda la empujó y se puso delante de ella, estaba empleada en unos grandes almacenes y el jefe la acusó de atender mal a los clientes. Mil veces quiso rebelarse y gritar, pero nunca se decidió porque tenía una voz débil que en los momentos de enfado se le trababa. Era más débil que todos los demás y estaba permanentemente ofendida.
    • La muerte que deseaba no tenía aspecto de desaparición sino de desecho. Pretendía desecharse a sí misma.
    • No veía nada a su alrededor, no sabía si era verano, otoño o invierno, si caminaba por la orilla del mar o junto al muro de una fábrica y, si caminaba, caminaba sólo porque el alma, llena de intranquilidad, exige movimiento y no es capaz de permanecer en el mismo sitio, porque cuando no se mueve empieza a doler terriblemente.
    • Vivir, en eso no hay felicidad alguna. Vivir: llevar por el mundo a su dolorido yo. Pero ser, ser es felicidad. Ser: convertirse en fuente, en recipiente de piedra sobre el que cae el universo como una lluvia tibia.
    • Sus zapatos recorrerían el mundo con un poco más de melancolía que hasta ahora.

    Milán Kundera

    Posted by magenta @ 21:44

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