• 05 Sep 2006 / 


    Para intentar el amor pasajero

    es necesario borrar el pasado,

    no decir nombres,

    inventar lugares y personas:

    “señora sin tiempo y sin espacio”,

    “caballero del pene sin historia”

    “vagina estelar”, “culo del cielo”

    “señora de la luz adormecida”,

    “principe de las penetraciones”,

    “senos que todo lo dicen”

    “ojos que callan”,

    “corazón que no siente”,

    “pantera”, “gata”, “cerdo”,

    “burro incansable”, “olor”,

    “cisterna abierta”, “áureos cojones”,

    “coño de las consolaciones”,

    “soledad para la soledad”,

    “felicidad sin nombre”,

    “compañerita de los recreos”

    “sombra mía”, “sombra tuya”

    “todo y nada…”,

    y refugiarse en la casa del sexo,

    llevando entre los dientes

    un caudal de adjetivos delirantes.

    Lo único que debe ser real

    son los cuerpos libres

    para el encuentro y desencuentro,

    el tibio escondrijo,

    los lugares ocupados

    por el olor carnal,

    el lecho del tamaño del deseo

    para intentar todas las caricias

    y confundir las pieles

    en el largo sudor

    que resplandece

    en la media luz

    de las cortinas de la tarde.

    Intentarlo, intentarlo,

    aunque al final de todo

    venga la muerte

    a descascarar su risita irónica

    y las calles se borren

    y el cuarto de los secretos

    flote vacío en la noche de la ciudad.

    Nada pasó: los que se conocieron

    eran desconocidos

    y ese amor de instantes

    fue un tango absurdo

    en el salón tenebroso;

    un bello salto en el vació.

    Hugo Gutiérrez Vega 

    Posted by magenta @ 13:18

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