
“Ahora no te puedes enterar que toda la casa huele a café y, en ciertos rincones, a cigarro. Que lo tomo en una taza de vaca. No tienes como enterarte que no dormí bien, que te estuve pensando casi toda la noche y que cuando por fin enfocaba tu imagen era siempre de espaldas, huyendo…¿con alguien?
No te puedes enterar que me levante con miedo, que no puedo estar tranquilo sabiendo de todos los fantasmas que te acechan, sabiendo que tienes la fuerza (y la inconsciencia) para devolver la vida a alguno de ellos. Según un diccionario de hadas: Un hada con tales características es peligrosa para ciertas flores, y para algunas especies que se sienten irrefrenablemente atraídos hacia su locura.
No quiero que te enteres de ninguna manera que tengo un atado con todos los planes; que guardo en el bolsillo interior de una chamarra tu imagen, tu imagen dormida, jugando, riendo, sentada, esperando. Esperando. Que sigue tu olor en mi almohada, que a veces te apareces aún en el espejo del baño. Que hay canciones que nunca volverán a sonar igual ni aquí ni en ningún lado.
No te puedes enterar de que te espero. Aquí. Cómo desde hace semanas. De nuevo.”



